Yo Puedo Siempre

Capítulo 8: El sueño de estudiar

A pesar de que ya estaba trabajando y construyendo mi experiencia laboral, había algo que seguía dando vueltas en mi cabeza.

Quería estudiar.

No era solamente por conseguir un título o un mejor trabajo.

Era una meta personal.

Quería demostrarme a mí mismo que podía hacerlo.

Durante años observé cómo otras personas estudiaban, obtenían títulos y construían sus carreras profesionales. Yo también quería intentarlo.

Por esa razón decidí matricularme en la carrera de Contabilidad General.

Sabía que no sería fácil.

Las matemáticas nunca habían sido mi materia más fuerte y además debía compatibilizar los estudios con el trabajo.

Muchas veces salía directamente de mi jornada laboral para asistir a clases.

Los días eran largos.

Llegaba cansado, pero aun así intentaba seguir adelante.

Con mucho esfuerzo logré comprar mi propio notebook.

Para muchas personas podría parecer algo normal, pero para mí tenía un significado especial.

Desde niño había soñado con tener uno.

Lo veía como una herramienta para aprender, estudiar y construir un mejor futuro.

Cuando finalmente lo compré sentí orgullo.

Era el resultado de mi trabajo y de mi deseo de superación.

Sin embargo, la vida universitaria presentó desafíos más grandes de los que imaginaba.

Algunas materias me costaban mucho.

Retener información, comprender ciertos contenidos y mantener el ritmo de estudio exigía un esfuerzo enorme.

A veces sentía que avanzaba más lento que los demás.

Otras veces me frustraba porque las cosas no resultaban como esperaba.

A pesar de todo, nunca dejé de intentarlo.

Cada prueba rendida, cada trabajo entregado y cada clase asistida representaban una victoria personal.

Con el tiempo comprendí que estudiar no era solamente aprobar asignaturas.

También era aprender sobre mí mismo.

Aprender cuáles eran mis fortalezas.

Aprender cuáles eran mis límites.

Y aprender que pedir ayuda cuando uno la necesita no es una señal de debilidad.

Aunque mi camino académico no continuó como lo había imaginado, aquella experiencia me dejó enseñanzas que todavía me acompañan.

Me enseñó que el esfuerzo tiene valor.

Me enseñó que los sueños merecen una oportunidad.

Y me enseñó que atreverse a intentarlo ya es una forma de ganar.

Porque más allá de los resultados, yo había demostrado algo importante.

Había tenido el valor de dar el paso.

Y eso era algo de lo que podía sentirme orgulloso.

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