Jardín y Prekinder

Capítulo 4: Mis primeros años de escuela

Después de los años más difíciles de mi infancia, llegó el momento de enfrentar otro desafío: la escuela.

Como muchos niños, llegué con ilusiones, nervios y curiosidad. Sin embargo, para mí aprender no era tan sencillo como para otros compañeros.

Las secuelas de la hemiplejia y los problemas que había enfrentado durante mis primeros años hacían que algunas cosas me costaran más. Concentrarme, memorizar contenidos y resolver ciertos ejercicios requería más tiempo y más esfuerzo.

Muchas veces veía cómo otros niños aprendían rápidamente mientras yo necesitaba repetir las actividades varias veces para comprenderlas.

Hubo momentos de frustración.

Momentos en que sentía que iba más lento que los demás.

Momentos en que me preguntaba por qué algunas cosas eran tan difíciles para mí.

Pero también hubo personas que me ayudaron a seguir adelante.

Las profesoras diferenciales y los talleres pedagógicos fueron una parte importante de mi formación. Gracias a ellas fui encontrando maneras de aprender que se adaptaban mejor a mis necesidades.

No siempre podía resolver todo de inmediato.

A veces necesitaba ayuda.

A veces tenía que volver a intentarlo varias veces.

Pero poco a poco fui avanzando.

Aprendí que no todos recorremos el mismo camino ni al mismo ritmo.

Mientras algunos avanzaban más rápido, yo aprendía algo igual de importante: la paciencia.

Con los años fui descubriendo que, aunque ciertas materias me costaban, podía mejorar cuando ponía empeño.

Cada ejercicio resuelto, cada prueba aprobada y cada año terminado representaban una pequeña victoria.

No fui el alumno con las mejores notas del curso.

Pero tampoco fui alguien que se rindiera.

Mis promedios reflejaban mi realidad: tenía dificultades, pero seguía luchando.

Y cada vez que lograba superar una meta, por pequeña que pareciera, sentía que estaba demostrando algo importante.

Que las limitaciones no podían definir completamente quién era yo.

Porque detrás de cada nota había esfuerzo.

Detrás de cada avance había trabajo.

Y detrás de cada logro había una historia de perseverancia que venía acompañándome desde que era un niño.

Sin saberlo, estaba construyendo una de las lecciones más importantes de mi vida:

Nunca dejar de intentarlo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

tu cuerpo, es mi inspiración

Costo de la vida

El Nacimiento