El dedo mocho

Un accidente en los recreos

Como cualquier niño, también tuve mis accidentes.

Durante la enseñanza básica nos gustaba jugar a la pillada en los recreos. Corríamos por el patio, nos escondíamos y nos perseguíamos entre risas.

Un día, mientras jugábamos, ocurrió algo que nunca olvidé.

Uno de mis compañeros cerró una puerta justo cuando yo intentaba pasar. Por tratar de evitar que se cerrara, puse la mano y uno de mis dedos quedó atrapado.

El golpe fue muy fuerte.

Sentí un dolor intenso y mi dedo quedó gravemente lastimado.

Fue uno de esos accidentes que ocurren en cuestión de segundos, cuando uno está jugando sin imaginar lo que puede pasar.

Afortunadamente recibí atención y con el tiempo pude recuperarme, pero aquella experiencia quedó grabada en mi memoria.

A pesar de los accidentes, los recreos seguían siendo uno de mis momentos favoritos de la escuela.

Allí podía compartir con mis compañeros, jugar fútbol, correr, reír y sentirme parte del grupo.

Esos momentos me enseñaron que la niñez y  adolescencia está llena de aventuras, algunas alegres y otras dolorosas, pero todas forman parte de los recuerdos que nos acompañan para siempre.

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