El costo de la vida

Hoy no tengo millones.
Tengo lo que hay… y lo digo sin vergüenza.
A veces miro mi cuenta y pienso: “podría estar mejor”.
Pero también sé que no soy el único que vive así, tratando de llegar a fin de mes, pagando cuentas y viendo cómo hacer rendir la plata.
He cometido errores, varios.
Gastar en cosas innecesarias, confiarme, no ordenar mis gastos…
y después andar corto.
Errores simples, pero que igual duelen.
Y en medio de todo eso, están mis gatos.
Ellos no saben de cuentas, pero sí de comida, de atención…
y obvio, también son un gasto.
Entre comida, arena y cuidados, se va una parte de la plata.
Pero aún así, valen cada peso.
Trabajo, cumplo, me levanto temprano, hago lo que toca.
No es una vida perfecta, pero es la mía.
Y con eso tengo que aprender a organizarme.
Intento ahorrar, aunque sea poco.
A veces se puede, a veces no.
Pero la idea es no rendirse, aunque el avance sea lento.
Un día común para mí es simple:
trabajo, vuelvo, veo a mis gatos, pienso en las cuentas…
y trato de no estresarme tanto.
No soy experto, no soy ejemplo perfecto.
Solo alguien más tratando de hacer las cosas mejor.
Y esta es mi realidad:
sin filtro, sin vergüenza… pero con ganas de avanzar.

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